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En apoyo crítico

¡Me encantó! Y más que eso, considero este proyecto uno importante, con su misión de crear conciencia de que la mayoría de los habitantes de Río Piedras no saben del proyecto Río 2012, y que los esfuerzos para responder al ataque del municipio no han llegado hasta la el riopiedrense común. Eso sí, aunque los ensayos de Albarrán me gustaron mucho, no acepto la idea de que Río Piedras ahora es una ciudad de delincuentes, una ciudad abandonada, un fantasma de la gloria que fue antes. Me molesta la palabra “tecatos”, y me sorprendió como el Profesor Quiles que Río Piedras ha sido dejado “a los delincuentes”. Podrán ser delincuentes, y podrán violar la ley, pero son personas. Y, por su propia agencia y factores externos, han entrado en realidades complejas y contradictorias donde mucha veces hay que violar la ley para sobrevivir. 

El plan de rehabilitación con participación (el lema me conmueve) tiene que incluir a los usarios/as de droga que ambulan por Río Piedras cuando la ciudad esta supuestamente vacía. 

Además, la ciudad no está vacía. ¿Los escritores han caminado por el Paseo de Diego una mañana de sábado? Sí, la calidad del espacio público es pésima, pero es espacio público. Y es espacio público que la gente usa todos los días. Propongo que los esfuerzos para rehabilitación reconozcan la vida que existe ya en la ciudad. Puede ser aun más vida, pero tenemos que usar los talentos y los recursos que ya existen para construir la ciudad que soñamos.

Lo que está pasando…En la otra calle

por Priscilla Rosario 

“Un Wal-mart en Río Piedras. Un estacionamiento multipisos donde se encuentra la Plaza del Mercado. Un Ben & Jerry’s al lado de la estación del Tren Urbano”… millones son los murmullos que se sienten en Río Piedras sobre qué pasará y cuándo. Un gran pedazo de la comunidad está a oscuras en cuanto a los cambios que se están dando en su hábitat.

Un grupo de estudiante de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras ha decidido silenciar los rumores que invaden el casco urbano ante la implantación del proyecto Río 2012.

Con el lema “En la otra calle… ¿a cuál perteneces tú?”, el grupo pretende educar y concientizar al residente sobre el impacto que tendrá el llamado plan de rehabilitación urbana. Su propuesta, la Feria de Organizaciones Comunitarias, funcionará como el hilo conector entre todas las entidades comunitarias y los residentes riopedrenses. Acompañados del documental “En la otra calle”, los jóvenes han decidido crear foros educativos en donde el residente se eduque en los cambios que ocurrirán, a corto y largo plazo. A su vez, desean promover la labor comunitaria creando un sentido profundo de pertenencia con la ciudad.

Aunque existen diferentes agrupaciones que se dedican a la labor comunitaria en Río Piedras, el grupo de estudiantes indica que son muy pocos los que lograr tocar sectores que se alejen del campus universitario. Este proyecto intenta compenetrar los residentes con la información de una forma . La realidad es que en la mayoría de las actividades que se forjan, el verdadero riopedrense se queda afuera y no es representado correctamente.

En la otra calle está el verdadero riopedrense, el que se vera afectado por la realidad de un proyecto envuelto en vendas, del cual nadie quiere hablar con transparencia.

Mi refugio

por Rafael Albarrán

En el año 1993 mi familia tomó la decisión de mudarse al casco Urbano. Vivíamos en Mayagüez, mi padre había terminado recientemente su doctorado y comenzaba a dar clases en la Universidad de Puerto Rico de dicho pueblo. Mi madre era maestra de Educación Física y trabajaba en la YMCA mientras yo iba al pre-escolar. Mi padre nos dio la noticia de que nos mudaríamos a la capital en el verano del 93 ya que el recinto de Río Piedras estaba interesado en que él diera clases en su institución. Recuerdo perfectamente el mes de aquel acontecimiento porque días después fue mi cumpleaños número 5 y mi madre estuvo en cama hasta ese día, por el impacto que la noticia había causado en ella. 

Actualmente tengo 21 años de edad y hace algunos meses cumplí 16 años en esta ciudad y tengo que confesarles que estoy completamente enamorado de ella. Claro que no todo es caviar, y la ciudad arquitectónicamente no es una leyenda ni una Roma, el nivel de criminalidad es alto y el nivel de divorcios por metros cuadrados ni hablar, pero es el nido donde me formé, me desarrollo y seguiré creciendo. Para seguir con este cuento de desarrollo urbano es importante establecerles mi hogar de crianza, La Residencia de la Facultad UPR. No es que tenga vital importancia pero es un dato curioso, me críe dentro de los terrenos de la que más tarde sería la responsable del final y principio de mi formación. Si me preguntan digo que la universidad hace 16 años era más bonita y más grande, claro que a los 5 años todo se ve grande. Pero recuerdo muchos árboles que ya no están, muchas cuestas y terrenos verdes por las que corría bicicleta y jugaba pelota que han sido suplantadas por algún multi-piso y unos grandes palos de mangoes y quenepas que el huracán George tumbó. A medida que el viento se llevaba cosas y el cemento cubría otras mi casa se volvió activo participe de el gran porciento del mal por milla cuadrada que arropa esta ciudad. La separación de mis padres fue importante ya que comencé a vivir en mil sitios a la vez, todos dentro de lo que se conoce como Río Piedras. De esta manera fui conociendo cada vez más sus calles, sus urbanizaciones, sus rincones, sus escondites, sus refugios. 

Sí, también fui participe y testigo del asesinato del Paseo de Diego, lo que un día fue la espina dorsal de la economía y la vida Urbana de Río Piedras. El Paseo lo matamos entre todos, primero fue el crecimiento desproporcionado de Plaza las Américas y sus dos multi-pisos, dándole cabida para aproximadamente tres pueblos, segundo la explosión de Humberto Vidal, la gente tenía miedo de hacer sus compras pensando en que cualquier momento podían salir volados y tercero y más impactante para mis ojos y mi paz, la deforestación y la sustitución de todos los árboles del Paseo por unas mierdas metálicas que son anti climáticas y no cumplen con ninguna estética riopedrense. La gente del siglo 21 ya no le gusta caminar, además que el calor esta cañón (Vamos que es por nuestra culpa también y si leen esto y no se sienten culpables bueno pues quien carajo es responsable del calentamiento global, ¿los monos?). La criminalidad es una realidad de nuestro tiempo. Durante estos 16 años a mi madre la han asaltado a mano armada dos veces, ambas a plena luz del día.

Llegó el momento de ingresar a la Universidad y ya necesitaba un respiro de Río Piedras, de su ambiente, de mi casa y de mi madre por lo cual decidí irme de mi hogar y mudarme a un rincón no investigado…Miramar. Casi un año estuve allí y lo amé. Miramar es espectacular, es clásico y moderno a la vez, tiene la laguna al lado, una brisa riquísima, un cine y un supermercado a cruzar la calle de mi casa y una acera bien amplia donde pude ser un peatón feliz. Vivía como rey y como no me apellido Carrión ni Fonalleda y mi sangre no es precisamente azul tuve que mudarme nuevamente a la ciudad del río ya que mi presupuesto de doce mil dólares terminó en tres mil en menos de 8 meses. Me imagino que ya saben cual fue mi solución. Luego de que dejé las pretensiones, maduré un poco y comencé a asumir verdaderamente responsabilidades regresé de nuevo a mi hogar, Río Piedras. (Aclaración cuando digo hogar no me refiero a casa de mi madre solo al pueblo como tal.) Eso si, tuve que buscar trabajo. Ahora soy maestro de teatro en un Colegio Laico en Río Piedras muy cerca del terminal de guaguas. No me pregunten como le hice para conseguirlo sin tener una licencia de maestro y un bachillerato, solo les cuento que mi oratoria y mi prosa pueden llegar a hacer muy convincentes.

Y aquí vivo, en la ciudad universitaria, como un universitario más cuyo lugar de beber y darse la mala vida es el boricua, la Avenida Universidad o el refugio donde ya me había refugiado otras veces. Un pueblo hermoso, con vías, trenes y muchas pisi-corres, una Avenida llena de teatros y libros. Una ciudad en la cual puedo estudiar, trabajar y hacer mis compras desplazándome con la planta de los pies.

Borrando del mapa una ciudad

por Rafael Albarrán

Lo primero que desapareció fueron los árboles. “Ocurrió en la tarde de un viernes, de esos fines de semanas largos donde muchos abandonamos el pueblo”, narró Joannie Jiménez, estudiante de la Universidad de Puerto Rico, quien hace seis años reside en la ciudad de Río Piedras y todos los fines de semana regresa a su pueblo, Aibonito. Aparecieron aquellos hombres con metales en las manos y aniquilaron con sus garras ha 106 pulmones, uno de ellos con más de 300 años. Desde ese día no se respira igual. Una vez terminada la primera fase del proyecto Rio 2012 del alcalde de San Juan, Jorge Santini, aquellos mismos hombres sembraron por todo el Paseo de Diego, en Río Piedras, árboles de aluminio. Quizás no generan oxígeno, pero la brillante luz blanca que emiten por la noche espanta y atemoriza a cualquier ciudadano, incluyendo a diambulantes y ladrones, quienes como murciélagos hambrientos, prefieren rincones más obscuros.

“Calles completamente vacías, en una ciudad que a partir de las cuatro de la tarde, de lunes a viernes, se transforma en un pueblo fantasma,” comentó preocupado el profesor Wilfredo Matos, miembro perteneciente a la Ciudad Universitaria. Esta primera fase de deforestación y plantación metálica es parte del proyecto Rio 2012, un plan de desarrollo urbano, promovido por la administración de Santini que busca entre muchas cosas, modernizar el centro de Río Piedras. El proyecto comprende 25 bloques alrededor de la plaza de La Convalecencia, un área tan amplia como Plaza Las Américas. Según el alcalde la mayoría de las edificaciones que rodean la Plaza de la Convalecencia y el casco urbano están para demoler, ya que el supuesto estado de descomposición en el que se encuentra impide la remodelación o restauración. El abogado y estudiante graduado de arquitectura, Javier Rodríguez Galarza, expresó que muchos de estos edificios solo necesitan una pintura y algunos arreglos menores, en su mayoría lo que está afectado es el exterior. El interior está en perfectas condiciones. El grupo CAUCE (Centro de Acción Urbana, Comunitaria y Empresarial de Río Piedras) realizó un estudio exhaustivo del proyecto 2012 y entre sus hallazgos encontraron que solo un 3% de estos edificios están completamente descompuestos. “Buscan rehabilitar la ciudad borrándola del mapa y volviéndola a construir,” agregó preocupada Joannie al leer un poco sobre los planes de Rio 2012. 

Lo que hoy se conoce como Río Piedras en el pasado tuvo su origen como un poblado llamado El Roble en las riberas del río Piedras. En el 1903 se funda la Universidad de Puerto Rico (UPR) a las afueras del poblado de Río Piedras y se le aplica el seudónimo de “Ciudad Universitaria” por ser sede de la institución educativa más grande y antigua de la Isla. Entonces en el 1951 bajo el proyecto Cameral 177 Río Piedras fue anexada a San Juan perdiendo así su carácter de municipio. Desde entonces, la población comenzó a disminuir, los negocios empezaron a cerrar y la identidad y el sentido de pertenencia de la gente a desvanecer. 

“El nuevo Rio que buscan nuestros gobernantes, es uno de carácter corporativo y macizo, el diseño del espacio urbano y arquitectónico presenta problemas evidentes. Los edificios no se relacionan entre sí, ni con la comunidad que los rodea”, comentó Gerardo Portela, estudiante de Ciencias Políticas de la UPR. El arquitecto alemán que está a cargo de Rio 2012, Alejandro Di Mambro, es el mismo que construyó Plaza Universitaria, el último complejo de la UPR. Todos los nuevos edificios que componen los planos del 2012 siguen la misma línea de éste. “Edificios cerrados que no funcionan sin aire acondicionado. Parece una historia de terror, pero no lo es. Un arquitecto alemán que solo tiene un imaginario de lo que es el trópico y piensa que sustituir árboles por palmas tiene la misma funcionalidad y corresponde a lo que se supone sea la estética de lo caribeño. Es un plan que ya esta en marcha,” apuntó Miguel Rodríguez Casellas, decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica, en una conferencia ofrecida en el Centro para Puerto Rico. Rodríguez siente una gran preocupación por la falta de conocimiento e indiferencia de la gente respecto al proyecto por lo cual, junto a un grupo de profesores y estudiantes, creó un curso de diseño en su universidad que ofrece vías alternas de remodelación y construcción y resistencia al plan del alcalde. 

En un experimento realizado a través de la red social Facebook se eligieron varios estudiantes de la UPR al azar y se les preguntó: ¿Qué es Rio 2012? Entre las contestaciones figuraron las siguientes; “No sé, ¿Rio de Janeiro y las olimpiadas?”, “Un proyecto ahí que Santini tiene”, “Diablo en verdad no sé”, “¿Eso tiene que ver con el Wal-Mart que van a hacer en donde esta la Plaza del Mercado?”. La falta de información es evidente, la indiferencia es una realidad de la cual el sector privado se beneficia y la incertidumbre es el desayuno de cientos de comerciantes que no saben que va a suceder con sus negocios. Entre los placeros y vendedores reina la incertidumbre. En una noticia del periódico el nuevo día se dice que el director de Desarrollo Económico de la Capital, Luis Vélez Boada, insistió en que no se han realizado ni se realizarán desalojos en Río Piedras y que aseguran que 30% de las viviendas del proyecto 2012 serán de bajo costo e interés social, y que se desarrollarán paquetes de incentivos para que los comerciantes mantengan sus rentas a un nivel competitivo. La preocupación de muchos residentes y grupos comunitarios es que el plan Río 2012 sea uno dirigido a sustituir a los actuales residentes y comerciantes por una clase social con mayor nivel adquisitivo. 

De la misma manera que Joannie muchos se sorprenden, se quejan, desconocen, protestan o simplemente viven para sí, en la ciudad universitaria, como un estudiante más, cuyo lugar de refugio y desahogo son la barra el Boricua, la Avenida Universidad o el negocio conocido como el refugio. Donde seguramente se han tenido que refugiar muchas otras veces. Un pueblo peatonal, multicultural, con mucho más que una vía y un tren. Calles donde existieron varios cines y teatros, donde en su arquitectura se pueden apreciar diseños del neo-clásico hasta el barroco, donde existe transporte público hacia casi toda la isla, donde hay miles de libros, decenas de negocios y restaurantes y un pueblo con libros, bibliotecas, universidad, teatro y una buena copa de vino puede ser la Roma para quien guste. ¿Pero qué sucede cuando desaparece todo lo que reconoces como tu ciudad? El sentido de pertenencia desaparece y la identidad se corrompe, afectando directamente la espina dorsal de la cultura popular, la cultura del colectivo residencial. Se es indiferente ha lo que sucede alrededor y poco a poco la ciudad se va deshabilitando, el comerciante local desaparece, los arrendatarios son expropiados y el estudiante se gradúa y no vuelve. Hasta que un buen día solo queden esos árboles metálicos iluminando el vacío.


Una era construye ciudades. Una hora las destruye.
-Seneca

Una era construye ciudades. Una hora las destruye.

-Seneca
El Río que camino

por Priscilla Rosario 

Lo piso casi todos los días. De lunes a viernes, y a veces hasta los domingos, el repique de mi zapatillas se escucha sonar en la lejanía de una ciudad que muchos dicen está muerta. Los que la vivimos a diario sabemos que su batalla no acaba.  Caminando sus aceras que se ensanchan y se encojen como quien no quiere la cosa, vemos jóvenes estudiantes con su ajetreo habitual, librerías abarrotadas de profesores almorzando, edificaciones que todavía se pueden llamar hermosas, los nuevos parquímetros maquiavélicos y hasta uno que otro perro realengo.

El Río que yo camino me ha cobijado por cuatro años. Me ha alimentado con sus alrededores, sus olores y su gente.  Ha sido el escenario de los momentos más pintorescos de mi vida y no dudo que sus particularidades hayan impactado a muchos otros más.

Aquella vez que jugaste dominós con un viejito en el Vidy’s (pre-remodelación), quedarte hablando por horas con algún empleado de La Tertulia que te recomienda libros,  pasar la noche en la otra calle haciendo un trabajo final, comerte el especial en El Nilo, darte un cigarrillo en la Plaza y pensar que eres uno con las calles. Las estampas son muchas y los momentos inolvidables. Las historias se dejan escuchar como agua estruendosa, haciendo ruido ante una sociedad que la ignora.

Río 2012 pretende ser el final de nuestro casco urbano. Uno de los pocos lugares en la Isla en donde podemos caminar, encontrarlo todo y no sentirnos como turistas despistados. Sentimos que es nuestro, que cada lugar tiene su historia y su propio destello. Disfrazado en su mejor atuendo de progreso, el proyecto argumenta la vida de un lugar que no ha fallecido, un espacio que pide a gritos la ayuda de su comunidad que poco sabe de lo que ocurre.

La realidad es que los residentes de Río Piedras no pueden ser agrupados. Esa extraña combinación de nacionalidades, pasados y razones de estar son las que hacen que Río Piedras sea un lugar tan especial. Estudiantes universitarios que cumplen su estadía más rápido de lo que esperaban, haciendo así, espacio para una nueva tanda de caras jóvenes con “pepper spray” en mano. Inmigrantes dominicanos que prefieren no ser escuchados por temor a toparse con algún problema de mayor escala, y envejecientes que han vivido toda su vida en Río Piedras, en esa calle…este se convierte en uno de los mayores problemas a la hora de tomar acción frente al proyecto de rehabilitación urbana.  Lo cierto es que no hay que ser un residente permanente para preocuparse, no hay que vivir en Río para amarlo. La ciudad es de quien la vive, quien en ella produce su ser.

Río Piedras es la realidad y el espejismo urbano de lo que fue, puede ser y es. Río Piedras tiene el potencial de ser lo que sus residentes se merecen. El Río que camino tiene gente alegre, cigarrillos en la brea caliente de la noche anterior, tiene tecatos en las aceras, estudiantes sudados y abuelas que vienen en “pisa y corres” hacer la compra para la semana…es donde los niños del campo se mojan los pies en la ciudad, se topan con la otredad citadina que sus padres temen. Para muchos es tan sólo una ciudad transitoria, la sala de espera en lo que el futuro inminente los saluda.

Todos tenemos nuestra casa, que es el hogar privado; y la ciudad, que es el hogar público
El Río fantasmapor Priscilla Rosario 
“Eso no es un proyecto de planificación urbana, eso es un Power Point”, así contestó el arquitecto y planificador urbano, Edwin Quiles, cuando se le preguntó sobre Río 2012. El diálogo fue sumamente espontáneo, mientras presentaba su nuevo libro, “La ciudad de los balcones”. Quiles, quien reside en Río Piedras, entiende que el proyecto no ha estudiado a profundidad los impactos que va a tener en la comunidad y en sus residentes. “Lo primero es el desplazamiento inminente de los que allí residen y todas las pequeñas empresas y negocios mueren completamente”. Ciertamente, poco se ha informado sobre el futuro de los residentes del casco urbano. Por otro lado, la gran mayoría de los negocios en el área del casco se verán afectados de manera directa con el plan.
Río 2012 pretende ser un proyecto revitalizador para Río Piedras; un plan que cambiaría por completo el casco urbano que conocemos. La página web del proyecto, www.rio2012.com, deja mucho que desear. Se nos habla de un proceso de deterioro en la últimas tres décadas en donde “el carácter social y cultural” se han visto afectados. Se habla de parcelas que serán el hogar de centros comerciales, estacionamientos multipisos  y oficinas. Se promete edificaciones con “elementos verdes en donde se incluyen sistemas de colección de agua de lluvia para irrigación de plantas y abastos de sistemas sanitarios, celdas fotovoltaicas y hasta censores de movimientos para reducir el consumo de energía.” Sin embargo, partes de suma importancia para los residentes, como el calendario de reuniones con la comunidad, los mapas y las rendiciones, no aparecen por ningún lugar y me atrevo a decir que nunca lo harán.
La desinformación empieza en el mismo proyecto que no tiene ningún intereses en apelar al residente de hoy. Este proyecto no llenará las necesidades o reclamos de la comunidad, hace todo lo contrario, ya que ellos no son el punto de enfoque.  El plan ignora por completo la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, que funciona como el eje principal del casco urbano, con más de 20,000 estudiantes,  profesores y empleados no docentes listos para sumergirse en el río que les queda vecino.
Caroline Gómez, estudiante de la Facultad de Humanidades y residente de la calle Humacao desde hace dos años y medio explicó: “Se supone que es como unas renovaciones o algo así, ¿no? Están arreglando la plaza. Supuestamente es para el bien de la comunidad”. Dentro de una encuesta realizada a cincuenta residentes del casco urbano como parte de nuestra investigación, encontramos que aunque más de la mitad de los residentes están informados sobre el plan Río 2012, sólo un treinta y seis por ciento entendía con claridad los efectos, a corto y largo plazo, de dicho plan. Parece ser que nadie, ni siquiera los que están controlando esta masacre urbana, entienden las repercusiones. “Esto no se va a construir en uno o dos años, esto se va a tomar una eternidad y mientras eso pase la ciudad muere.”, comentó Quiles. A su vez, piensa que se ha “creado un ambiente de incomodidad para que la gente deje de ir a Río Piedras”. No cabe duda que el imaginario de lo que es Río Piedras ha sido contaminado por los medios, la gente teme a visitar el casco urbano. La falta de seguridad, la cantidad de espacios vacíos y desperdiciados son ejemplos validos por los cuales hay un sentir que la ciudad no se puede usar a cabalidad. “En Río Piedras no hay nadie en las calles después de las seis de la tarde, se ve todo tenebroso. Le hemos regalado el espacio a los delincuentes.”, continúa Quiles, quien es profesor retirado de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras.
“Hay que usurpar la ciudad con arte”, Quiles nos incita a “retomar la ciudad” y hacerla nuestra de nuevo. Esa era la idea principal detrás del Proyecto Re-Crear Río Piedras, en el cual Quiles funcionó como moderador. Se trató de talleres artísticos en el casco urbano en donde se intentaba rehabilitar la ciudad por medio del arte.
El Río fantasma será lo que se deje ver, lo que quede a media construcción, con los ojos entre abiertos y la cara quemada por el sol. Quedarán los restos de una ciudad que nadie supo escuchar, enterrados entre los letreros de “Your penny at work”. “La verdad es que yo no creo en el plan Río 2012, está mal pensado, están excluyendo a la comunidad. Hay que crear un instrumento de desarrollo urbano para la comunidad que tenga un enfoque inclusivo y no como se está planteando actualmente. Lo que quieren es desplazar a los residentes, y Río Piedras no va a ser Río Piedras sin los placeros y la gente que vive allí”, indicó Gabriela Algarín, estudiante de cuatro año del Recinto de Río Piedras. Pero por ahora, hasta que alguien haga algo, “esto parece una ciudad donde habrían vampiros”, concluyó Gómez. 

El Río fantasma
por Priscilla Rosario 

“Eso no es un proyecto de planificación urbana, eso es un Power Point”, así contestó el arquitecto y planificador urbano, Edwin Quiles, cuando se le preguntó sobre Río 2012. El diálogo fue sumamente espontáneo, mientras presentaba su nuevo libro, “La ciudad de los balcones”. Quiles, quien reside en Río Piedras, entiende que el proyecto no ha estudiado a profundidad los impactos que va a tener en la comunidad y en sus residentes. “Lo primero es el desplazamiento inminente de los que allí residen y todas las pequeñas empresas y negocios mueren completamente”. Ciertamente, poco se ha informado sobre el futuro de los residentes del casco urbano. Por otro lado, la gran mayoría de los negocios en el área del casco se verán afectados de manera directa con el plan.

Río 2012 pretende ser un proyecto revitalizador para Río Piedras; un plan que cambiaría por completo el casco urbano que conocemos. La página web del proyecto, www.rio2012.com, deja mucho que desear. Se nos habla de un proceso de deterioro en la últimas tres décadas en donde “el carácter social y cultural” se han visto afectados. Se habla de parcelas que serán el hogar de centros comerciales, estacionamientos multipisos  y oficinas. Se promete edificaciones con “elementos verdes en donde se incluyen sistemas de colección de agua de lluvia para irrigación de plantas y abastos de sistemas sanitarios, celdas fotovoltaicas y hasta censores de movimientos para reducir el consumo de energía.” Sin embargo, partes de suma importancia para los residentes, como el calendario de reuniones con la comunidad, los mapas y las rendiciones, no aparecen por ningún lugar y me atrevo a decir que nunca lo harán.

La desinformación empieza en el mismo proyecto que no tiene ningún intereses en apelar al residente de hoy. Este proyecto no llenará las necesidades o reclamos de la comunidad, hace todo lo contrario, ya que ellos no son el punto de enfoque.  El plan ignora por completo la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, que funciona como el eje principal del casco urbano, con más de 20,000 estudiantes,  profesores y empleados no docentes listos para sumergirse en el río que les queda vecino.

Caroline Gómez, estudiante de la Facultad de Humanidades y residente de la calle Humacao desde hace dos años y medio explicó: “Se supone que es como unas renovaciones o algo así, ¿no? Están arreglando la plaza. Supuestamente es para el bien de la comunidad”. Dentro de una encuesta realizada a cincuenta residentes del casco urbano como parte de nuestra investigación, encontramos que aunque más de la mitad de los residentes están informados sobre el plan Río 2012, sólo un treinta y seis por ciento entendía con claridad los efectos, a corto y largo plazo, de dicho plan. Parece ser que nadie, ni siquiera los que están controlando esta masacre urbana, entienden las repercusiones. “Esto no se va a construir en uno o dos años, esto se va a tomar una eternidad y mientras eso pase la ciudad muere.”, comentó Quiles. A su vez, piensa que se ha “creado un ambiente de incomodidad para que la gente deje de ir a Río Piedras”. No cabe duda que el imaginario de lo que es Río Piedras ha sido contaminado por los medios, la gente teme a visitar el casco urbano. La falta de seguridad, la cantidad de espacios vacíos y desperdiciados son ejemplos validos por los cuales hay un sentir que la ciudad no se puede usar a cabalidad. “En Río Piedras no hay nadie en las calles después de las seis de la tarde, se ve todo tenebroso. Le hemos regalado el espacio a los delincuentes.”, continúa Quiles, quien es profesor retirado de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras.

“Hay que usurpar la ciudad con arte”, Quiles nos incita a “retomar la ciudad” y hacerla nuestra de nuevo. Esa era la idea principal detrás del Proyecto Re-Crear Río Piedras, en el cual Quiles funcionó como moderador. Se trató de talleres artísticos en el casco urbano en donde se intentaba rehabilitar la ciudad por medio del arte.

El Río fantasma será lo que se deje ver, lo que quede a media construcción, con los ojos entre abiertos y la cara quemada por el sol. Quedarán los restos de una ciudad que nadie supo escuchar, enterrados entre los letreros de “Your penny at work”. “La verdad es que yo no creo en el plan Río 2012, está mal pensado, están excluyendo a la comunidad. Hay que crear un instrumento de desarrollo urbano para la comunidad que tenga un enfoque inclusivo y no como se está planteando actualmente. Lo que quieren es desplazar a los residentes, y Río Piedras no va a ser Río Piedras sin los placeros y la gente que vive allí”, indicó Gabriela Algarín, estudiante de cuatro año del Recinto de Río Piedras. Pero por ahora, hasta que alguien haga algo, “esto parece una ciudad donde habrían vampiros”, concluyó Gómez. 

por Rafael Albarrán
Enrique Vivoni enfatiza que la historia de San Juan ha quedado inscrita en su arquitectura. Es difícil caminar por Río Piedras y no percatarse de las vetas del tiempo solidificadas por el hormigón, el asfalto, la madera, el cinc y el cristal. Su textura ha cambiado a través de las décadas, sus articulaciones urbanas se han flexionado de formas distintas con el pasar de los acontecimientos modernizantes. Pero hasta el día de hoy no se habían visto amenazadas con desaparecer por completo del suelo que les dio soporte por casi un siglo. Rio 2012 es la amenaza. Un proyecto de modernización que ha sido impulsado por el alcalde Jorge Santini que busca construir una nueva ciudad. Una ciudad que a su parecer es lo que debe ser Río Piedras. Sus preocupaciones son válidas pero sus maneras carecen de respaldo y aprobación comunitaria. El escritor y filósofo estadounidense, Ralph Waldo Emerson, dijo en uno de sus famosos escritos que la civilización se mide por su capacidad de abstraer al máximo el beneficio de las ciudades. La funcionalidad y la estética del poblado de Río Piedras alguna vez fueron explotadas a su máxima potencia. La historia de este pueblo se puede contar a través de la línea del tiempo que siguen sus edificaciones. La ciudad actual aún guarda esa huella escondida de lo que una vez fue la finca de Don Francisco Aruz, “El Roble”. Esta finca era un conglomerado de 267 casas que para el 1776 servía de techo para unos 1,369 habitantes que se dispersaban por las vegas de los ríos. Estos fueron los primeros pobladores del “Roble”. Para 1824 el gobierno decide convertir al Roble en una gran ciudad por su facilidad de transportación y la fertilidad de sus tierras y comenzaron la expansión territorial, la compra de terrenos y la construcción de las primeras edificaciones y callejones. En el 1830 se construye la plaza “Convalecencia” y el espíritu de identidad cultural comienza a florecer. La población crece y ya para el 1832 la ciudad se compone de cuatro barrios “El Roble” (Pueblo), Monacillos, Cupey y Caimito. Pero no es hasta el 1863 que se le cambia el nombre a Río Piedras. A principios del siglo XX consigue su famoso seudónimo de Ciudad Universitaria al ser la sede de la Institución intelectual más grande del país.La Torre con su campana, la Iglesia en el centro de la plaza, la gigante torre de cemento que anuncia al Paseo de Diego (la primera calle exclusiva para peatones y comercio en la isla), los primeros edificios abarrotados de balcones que invitaban al ciudadano a mirar la acción y la vida de la calle fueron y son hitos que le recuerdan al visitante que se encuentra en Río Piedras.

por Rafael Albarrán


Enrique Vivoni enfatiza que la historia de San Juan ha quedado inscrita en su arquitectura. Es difícil caminar por Río Piedras y no percatarse de las vetas del tiempo solidificadas por el hormigón, el asfalto, la madera, el cinc y el cristal. Su textura ha cambiado a través de las décadas, sus articulaciones urbanas se han flexionado de formas distintas con el pasar de los acontecimientos modernizantes. Pero hasta el día de hoy no se habían visto amenazadas con desaparecer por completo del suelo que les dio soporte por casi un siglo. Rio 2012 es la amenaza. Un proyecto de modernización que ha sido impulsado por el alcalde Jorge Santini que busca construir una nueva ciudad. Una ciudad que a su parecer es lo que debe ser Río Piedras. Sus preocupaciones son válidas pero sus maneras carecen de respaldo y aprobación comunitaria. 

El escritor y filósofo estadounidense, Ralph Waldo Emerson, dijo en uno de sus famosos escritos que la civilización se mide por su capacidad de abstraer al máximo el beneficio de las ciudades. La funcionalidad y la estética del poblado de Río Piedras alguna vez fueron explotadas a su máxima potencia. La historia de este pueblo se puede contar a través de la línea del tiempo que siguen sus edificaciones. La ciudad actual aún guarda esa huella escondida de lo que una vez fue la finca de Don Francisco Aruz, “El Roble”. Esta finca era un conglomerado de 267 casas que para el 1776 servía de techo para unos 1,369 habitantes que se dispersaban por las vegas de los ríos. Estos fueron los primeros pobladores del “Roble”. Para 1824 el gobierno decide convertir al Roble en una gran ciudad por su facilidad de transportación y la fertilidad de sus tierras y comenzaron la expansión territorial, la compra de terrenos y la construcción de las primeras edificaciones y callejones. En el 1830 se construye la plaza “Convalecencia” y el espíritu de identidad cultural comienza a florecer. La población crece y ya para el 1832 la ciudad se compone de cuatro barrios “El Roble” (Pueblo), Monacillos, Cupey y Caimito. Pero no es hasta el 1863 que se le cambia el nombre a Río Piedras. A principios del siglo XX consigue su famoso seudónimo de Ciudad Universitaria al ser la sede de la Institución intelectual más grande del país.

La Torre con su campana, la Iglesia en el centro de la plaza, la gigante torre de cemento que anuncia al Paseo de Diego (la primera calle exclusiva para peatones y comercio en la isla), los primeros edificios abarrotados de balcones que invitaban al ciudadano a mirar la acción y la vida de la calle fueron y son hitos que le recuerdan al visitante que se encuentra en Río Piedras.

Río Piedras tiene tantas posibilidades, su historia es fascinante
Deborah Hunt